¿Qué hago si se rompe el turbo en mi coche con motor diésel?

Cuando el turbo de un diésel se rompe en marcha puede producirse un fenómeno nefasto para el motor: la retroalimentación. Te contamos qué es y cómo proceder

averias turbo

Ya no quedan motores diésel atmosféricos, prácticamente todos recurren al turbocompresor, una tecnología que también se está imponiendo en los motores de gasolina. Pero un elemento que a plena carga es capaz de superar las 250.000 rpm, y sometido a temperaturas tan elevadas debido a los gases del escape, es susceptible de sufrir averías, sobre todo si no se realiza un mantenimiento adecuado. 

La retroalimentación en un motor turbodiésel: ¡peligro!

Un fenómeno poco conocido asociado a la rotura del turbo en los motores diésel es la retroalimentación.  Lo mejor es saber cómo proceder para evitar que se produzca, pero también conviene saber lo que hay que hacer en caso de que aparezca, pues la retroalimentación puede acabar destruyendo por completo el motor.

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El motivo principal por el que aparece la retroalimentación es por la rotura del turbocompresor en la zona del eje, bien un casquillo o un retén. Esto provoca que el aceite se cuele en el circuito y entre forzado por los conductos de admisión. Suele suceder de forma repentina, y el síntoma principal es una pérdida de potencia acompañada de una enorme humareda blanca. El motor, lejos de pararse, sigue funcionando, hasta el punto de que si no nos damos cuenta y seguimos la marcha lo que sucede es que el motor empieza a quemar el aceite que entra en la admisión como si fuera combustible, y empieza el verdadero problema.

El turbo sigue girando, por los conductos que van del turbo a la admisión sigue entrando aceite, que se quema cada vez más deprisa, y el motor sube de revoluciones aunque en ese momento detengas el vehículo y quites el contacto, en una espiral que no tendrá fin hasta que no quede aceite para quemar… provocando el temido gripaje del motor. Existen multitud de videos en Youtube de usuarios a los que les ha sucedido este problema. Si no te imaginas lo que sucede cuando un motor diésel entra en retroalimentación, aquí tienes un par de ejemplos:

 

Entre estas averías una de las más frecuentes es el agarrotamiento del sistema que varía la inclinación de los álabes de la turbina en el caso de los turbos de geometría variable, debido a la acumulación de partículas o a fallos en el motor eléctrico o la válvula neumática que mueve estos álabes. Esto provoca una pérdida de rendimiento apreciable, sobre todo con disminución del empuje desde bajas vueltas. También es frecuente que falle la válvula de descarga, que se encarga de controlar el posible exceso de presión de soplado del turbo, lo que puede provocar que el motor entre en modo de emergencia reduciendo las prestaciones.

Un fallo muy común en los motores turboalimentados es la soltura o rotura de alguno de los manguitos que llevan el aire a presión, lo que provoca una clara pérdida de potencia y en la mayoría de las ocasiones un “silbido” perfectamente audible desde el habitáculo al acelerar.

Mantenimiento y cuidados del turbo para evitar averías

El principal cuidado que hay que tener para evitar averías en el turbocompresor es utilizar un aceite de calidad. Ahorrar aquí es lo peor que puedes hacer, pues el aceite adecuado para tu coche no sólo protege el turbo, lo hace con todo el motor.

Entre las precauciones que puede tomar el conductor, la principal es no iniciar inmediatamente la marcha tras arrancar el motor con temperaturas muy bajas, o someterlo a trabajar con exceso de carga (pisar demasiado el acelerador). El aceite tarda en adquirir la viscosidad adecuada para llegar a todas las partes del motor, especialmente a los casquillos del eje del turbo, que como hemos dicho, gira a velocidades altísimas.

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Según el coche, también es conveniente esperar unos segundos antes de parar bruscamente el motor, sobre todo tras someterlo a un esfuerzo prolongado, para evitar que el aceite pueda carbonizarse por exceso de temperatura en el eje del turbo. Esto es poco probable en motores modernos que cuentan con turbos refrigerados por agua, y con sistemas start-stop compatibles con el turbo sin que el conductor tenga que hacer nada.

 

 

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