Nissan Juke-R: probamos el SUV del medio millón de euros


El Nissan Juke-R empezó siendo un prototipo, pero un jeque árabe se encaprichó de él y Nissan decidió fabricarlo en una serie muy limitada. Nosotros nos hemos puesto a los mandos de uno de los dos únicos Juke-R que –al menos de momento– existen en todo el mundo, para intentar responder a la pregunta que seguro te estás haciendo: ¿realmente vale lo que cuesta?

Antonio Roncero ( )
Curiosa historia la del Nissan Juke-R. Lo más fácil habría sido “vestir” de Juke un Nissan GT-R. Más que nada porque hacerlo al revés, encajar el motor y la transmisión de un GT-R en la carrocería del pequeño crossover urbano de Nissan, parecía misión imposible. Pero el proyecto iniciado por Nissan Europa de la mano de los especialistas en competición de RML (los mismos que en 2003 se atrevieron a montar el motor del 350 Z en un Nissan Micra) fue tomando cuerpo a pesar de las reticencias de los “jefazos” de Nissan en Japón, que no veían la idea con buenos ojos.

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Al final se pusieron manos a la obra, y los aficionados a los coches deportivos y al automóvil en general pudieron seguir paso a paso el proceso de construcción del Juke-R a través de vídeos que Nissan iba colgando en las redes sociales en el canal oficial del Juke en Youtube. Se fabricaron dos unidades, una con el volante a la izquierda y otra con el volante a la derecha, que es la que he tenido oportunidad de conducir.

En primavera, Nissan desplazó uno de los prototipos del Juke-R a Dubái con motivo del rodaje de un vídeo promocional en el que el Juke-R, con el piloto español Lucas Ordoñez a los mandos, le saca los colores a tres súper deportivos de alto nivel. No te diré más que son coches que lucen en sus capós estrellas de tres puntas, toros y “cavallinos rampantes”, y que el vídeo fue todo un éxito. ¿Quieres verlo? Pues aquí lo tienes:

Vídeo "Desert Nemesis" del Nissan Juke-R




Y cuenta la historia que fue durante este rodaje cuando hubo incluso ofertas a pie de calle por el prototipo original, más tres pedidos en firme, lo que llevó a Nissan a decidirse a anunciar la fabricación del Juke-R en una pequeña serie limitada y numerada que dependerá finalmente de la demanda, pero en principio prevista en torno a 20 ó 25 unidades, al módico precio de medio millón de euros cada una.

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Seguro que ya estás pensando lo mismo que yo cuando iba camino a la cita que tenía marcada en mi calendario con amarillo fosforito para ponerme al volante del Juke-R. Y si los apuntas en una lista y comparamos, coincidiremos al menos en 20 coches en los que yo invertiría medio millón de euros antes que un Juke “tuneao”. La diferencia es que quienes se lo van a comprar también coinciden con nosotros, pero tienen ya esos 20 coches en los que tú y yo estamos pensando en su garaje.

¿Por qué es tan caro el Nissan Juke-R?


Voy a adelantarme un poco y te diré que lo que pude hacer con el Juke-R no merece ser calificado como prueba –eso la yo sabía de antemano, no es la primera vez que me invitan a “probar” un prototipo–, pero la jornada fue suficiente para convencerme de que el Juke-R es un coche muy especial; desde luego, mucho más que un simple Juke “vitaminado y mineralizado”. Eso sí, sigo pensando que no tan especial como para que cueste casi cinco veces lo que el Nissan GT-R Track Pack, invitado de excepción a nuestra prueba, y con el que puedes experimentar las mismas sensaciones al volante; al fin y al cabo, las “tripas” de estas dos auténticas bestias devoradoras de curvas son exactamente las mismas…

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Entonces, ¿por qué cuesta tanto el Juke-R? Pues porque el precio no lo pone Nissan, lo ponen los que están dispuestos a pagar por un coche muy exclusivo, tan exclusivo que ni siquiera iba a fabricarse. Y es que caprichosos hay muchos en este mundo (yo el primero), pero caprichosos con mucho dinero ya no tantos. Y los que han reservado ya un Juke-R podrían vivir como lo que son, auténticos “jeques”, sólo con lo que les dejan las rentas de las rentas de lo que tienen en el banco.

Pero volvamos al Juke. El último Nissan Juke al que me había subido antes del “R” era un 1.5 dCi de 110 CV, y al Juke-R lo he visto en vivo y en directo e varios salones del automóvil. Pero plantado sobre el asfalto, fuera ya de un pedestal y lejos de los focos, cuando te acercas, esa pintura negro mate, y sobre todo esos “músculos” que recuerdan al Arnold Schwarzenegger en sus tiempos de Conan el Bárbaro, te ponen la piel de gallina. A su lado,  y en cuestión de músculos, todo un Nissan GT-R parece el frutero de “Aquí no hay quien viva”.

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Es tontería que te hable de la mutación que ha experimentado el Juke para dar cabida al motor del GT-R (para que te hagas una idea, parte del sistema de climatización ha tenido que pasar al maletero), a su sistema de transmisión y a esas enormes ruedas de 20 pulgadas cazadas con unos Bridgestone Potenza RE070 en medidas 255/40 delante y 285/35 detrás, con una goma tan blanda que puedes dejar perfectamente la marca de tus uñas. Mejor echa un vistazo detenidamente a las fotos, o entretente un rato con el siguiente vídeo, aunque te daré un dato: sólo la anchura crece nada menos que 15 centímetros.

Vídeo del Nissan Juke-R



A los mandos del Nissan Juke-R


Llega mi turno. Da mucha rabia acoplarte en unos magníficos baquets OMP, sentir el “click” metálico de los arneses de cinco puntos y tensarlos hasta que tu espalda y el respaldo del asiento se funden en un único elemento sabiendo que estás en un deportivo, con 485 CV a tu disposición en el pie derecho…  y que lo más parecido que vas a ver a una curva es el aro de propio volante –que por cierto, es tal cual el del GT-R–. Pero es lo que hay, y la ocasión no deja de ser un auténtico privilegio. ¡Ya me desquitaré luego con el GT-R!

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Me concentro para intentar aprovechar cada centímetro de los apenas ocho kilómetros que calculo vamos a hacer entre ida y vuelta, probar lo que buenamente pueda y memorizar cada detalle del Juke-R, a ser posible sin llevarme la amonestación del acompañante-vigilante que Nissan nos ha puesto en el lado derecho, y que parece sufrir tanto o más que yo el no tener cerca una entrada a un circuito para hacernos una escapadita  ver de verdad de qué es capaz este auténtico “aparato”.

¿Conclusiones? Ahí van: el Juke-R está bastante “perjudicado” tras muchas exhibiciones y algún reciente homenaje en circuito, pero la prueba ha sido suficiente para dejar claro que esto es un auténtico coche de competición, por mucho que esté homologado para circular por la calle. Las dos curvas –por llamarlas de alguna manera– que incluye el recorrido son de radio muy amplio, pero dejan claro que el Juke-R se pega al asfalto como si alguien estuviese empujándolo desde el techo.  El motor suena mucho, aunque no a coche de carreras. Pero sí transmite sensación de competición el tacto de una dirección dura, muy directa y tremendamente precisa, la firmeza de la amortiguación y el ruidito de la arena del asfalto al golpear en los pasos de rueda y en los bajos del vehículo.

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Se me acaba el tiempo; mejor dicho, los metros. Acelero, freno, lo subo de vueltas, freno más fuerte, intento salir en una marcha larga desde bajas vueltas, reduzco tres marchas de golpe para llegar de nuevo al corte y me subo –literalmente– de nuevo a los frenos… En principio tienen buen tacto, permiten dosificar y el Juke-R se detiene con la misma facilidad que acelera, pero me haría falta una prueba más a fondo para ver si están a la altura de los de un coche “terrenal” como el Porsche Boxster S, al que torturé sin pasión en una carretera de montaña con kilómetros por delante apenas siete días antes.

En cuanto al motor… La versión de producción –el que he conducido es el prototipo– llevará el motor del Nissan GT-R en su última edición, potenciado a 550 CV, por lo que las prestaciones harán del Juke-R un auténtico “dragster”, si es que no lo es ya: alcanzará los 275 km/h de velocidad máxima, con apenas 3 segundos en la aceleración de 0 a 100 km/h. No creo que el cambio a este motor potenciado le haga perder ni un ápice de la extraordinaria fuerza que demuestra el V6 biturbo en su versión de “sólo” 480 CV, da igual cuándo, cómo y cuánto aceleres.

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Y llegamos al final de la prueba, en una clara demostración de que el refrán “lo bueno, si breve, dos veces bueno” es absolutamente una falacia. Por cierto, también me dio tiempo, entre tantos botones, a juguetear un poco con el ordenador: el consumo medio acumulado del Nissan Juke-R registraba 21 l/100 km.  Calculo que en una prueba de verdad, no habría bajado de los 30. Pero como dice el título de una famosa canción, ¿a quién le importa?

Para terminar, sólo unos detalles más del interior, demasiado artesanal en mi opinión para un coche de este precio, aunque no deja de ser todavía un prototipo, y además han tenido que hacer encaje de bolillos para dar cabida a la completísima pantalla programable de información del GT-R. La jaula de seguridad es toda una declaración de intenciones: podrás aparcar el Juke-R en la puerta de un casino y presumir tanto o más que si llevaras un Ferrari, un Lamborghini o un Hummer, pero más vale que de vez en cuando saques a la “bestia” a pasear por un circuito, si no quieres que se enfade.

Galería de fotos del Nissan Juke-R




 

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